Esta receta absolutamente vegetariana y natural además de silvestre, es fácil de hacer, extremadamente económica y muy sabrosa.
Lo primero de todo es ir a coger cardillos al campo, la época ideal es según la zona del país, pero los mejores son los de Abril y Mayo, aunque también los hay en otras épocas del año dependiendo de la climatología de la zona, aquí dejo para quien no los conozca sus fotografías:
Una vez recogidos los cardillos, esto es lo más complejo de la receta, hay que limpiarlos, quitando bien toda la parte de hoja y pincho que tienen, después se lavan bien y se echan a cocer, sólo un hervor de unos tres minutos después de empezar a cocer, después se vuelven a lavar, se dejan escurrir y se reservan.
Ahora es el momento de hacer una bechamel, simple pero con un toque especial, se corta cebolla muy fina, se pone a pochar en una sartén, cuando está pochada se le añade harina, al ser posible se pasa por un colador para ser matizada, poco a poco, y se va removiendo hasta que vaya espesando, se añade algo de leche y se deja hervir, se sigue removiendo, un poco más de harina, un poco más de leche, harina y así hasta que logremos una textura no demasiado espesa pero tampoco líquida, cuando hemos logrado ya tener esta masa añadimos una cucharadita de pimentón y removemos para que sin quemarse se haga y coja color, después añadimos orégano en hojitas muy muy finas.
Ahora se deja toda esta masa en el frigorífico durante al menos 8 horas, pasado este tiempo se untan una a una las briznas de los cardillos, cada tallito de cardillo, se meten entre la masa de bechamel y después se rebozan en pan rayado del fino al ser posible y se dejan reservadas.
Ahora se pone a calentar aceite a no más de 150º se echan las briznas y cuando estén doradas están listas para comer.
El resultado final es de un sabor campestre.
Es una receta simple que sirve más como acompañamiento o aperitivo.
Lo primero de todo es ir a coger cardillos al campo, la época ideal es según la zona del país, pero los mejores son los de Abril y Mayo, aunque también los hay en otras épocas del año dependiendo de la climatología de la zona, aquí dejo para quien no los conozca sus fotografías:
Una vez recogidos los cardillos, esto es lo más complejo de la receta, hay que limpiarlos, quitando bien toda la parte de hoja y pincho que tienen, después se lavan bien y se echan a cocer, sólo un hervor de unos tres minutos después de empezar a cocer, después se vuelven a lavar, se dejan escurrir y se reservan.
Ahora es el momento de hacer una bechamel, simple pero con un toque especial, se corta cebolla muy fina, se pone a pochar en una sartén, cuando está pochada se le añade harina, al ser posible se pasa por un colador para ser matizada, poco a poco, y se va removiendo hasta que vaya espesando, se añade algo de leche y se deja hervir, se sigue removiendo, un poco más de harina, un poco más de leche, harina y así hasta que logremos una textura no demasiado espesa pero tampoco líquida, cuando hemos logrado ya tener esta masa añadimos una cucharadita de pimentón y removemos para que sin quemarse se haga y coja color, después añadimos orégano en hojitas muy muy finas.
Ahora se deja toda esta masa en el frigorífico durante al menos 8 horas, pasado este tiempo se untan una a una las briznas de los cardillos, cada tallito de cardillo, se meten entre la masa de bechamel y después se rebozan en pan rayado del fino al ser posible y se dejan reservadas.
Ahora se pone a calentar aceite a no más de 150º se echan las briznas y cuando estén doradas están listas para comer.
El resultado final es de un sabor campestre.
Es una receta simple que sirve más como acompañamiento o aperitivo.